No solo cine. Memoria emocional: ‘Bienvenida a casa, vecina’

La abajo firmante es una ciudadana de izquierdas, animalista, republicana, feminista y agnóstica. El orden de los factores no altera el producto. La abajo firmante hace décadas que solo usa el programa de Semana Santa a la contra, para no coincidir con ningún desfile procesional y deplora que no haya alternativas laicas, culturales, sociales, políticas o lúdico-festivas, en esos siete días en los que Sevilla está literalmente tomada por imágenes y nazarenos. La abajo firmante es enormemente crítica con toda esta parafernalia y así lo escribe para dejar constancia de sus ideario y opiniones, que va a mantener. La abajo firmante sabe lo que se arriesga al escribir estas líneas, que son la excepción que confirma la regla, de ahí este prólogo.

 

Pero… La abajo firmante no pudo sustraerse a la intensa emoción estética y sensorial que la embargó cuando casualmente, estando en compañía de su hija, se encontró ayer por la tarde-noche cara a cara con el paso de la Macarena que procesionaba, de manera extraordinaria, por el 50 aniversario de su Coronación. A la intensa emoción, recuperada e inscrita en su ADN de la infancia, juventud y madurez temprana cuando conciliaba, sin problemas aparentes, en estas dos últimas etapas, el ser progresista y disfrutar enormemente con dichos fastos religiosos. Cosa que no ocurría desde hacía más de veinte años.

Así sin posibilidad de avanzar, ni retroceder, absorbidas por una impresionante muchedumbre, tuvimos ocasión, sí o sí, de contemplar un palio radiante y extraordinariamente bien mecido a los sones de Los Campanilleros o Pasa la Macarena. Tuvimos ocasión, sí o sí, de verlo entrar y salir de una conocida iglesia con el esfuerzo ímprobo de los hombres que, desde abajo, lo movían armoniosamente. Tuvimos ocasión, sí o sí, de oír los himnos, las saetas, y los aplausos que no cesaron en todo el recorrido, y los ‘guapa, guapa y guapa’ que la aclamaban a su paso.

Tuvimos ocasión, sí o sí, de sentir como los costaleros lo daban todo por esa imagen única atribuida a La Roldana. Tuvimos ocasión, sí o sí, de experimentar como las velas, el incienso, las marchas, los tambores, la lluvia de pétalos en la noche de primavera, la excitación tan profundamente pagana, no solo religiosa, sino sensorial, nos alcanzara de lleno en el epicentro de la emoción y de la sensibilidad. Porque ahí estaba un barrio obrero volcado, un barrio de tradición luchadora. Porque ahí lucían los espejos, los mantones de manila, las colgaduras, los mantoncillos en cada balcón de cada calle. Porque la imagen ha estado fuera una semana de celebraciones y a su vuelta la esperaba una pancarta: ‘Bienvenida a casa, vecina’.

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