‘Viva la libertad’: … Y la fraternidad

De Roberto Andó, responsable de la cinta que nos ocupa, Premios David de Donatello al Mejor Guión y Actor Secundario,  sabemos que es un escritor, guionista, dramaturgo y director de teatro y ópera, además de realizador cinematográfico, italiano. Que se inició como ayudante de dirección con nombres tales como Fellini, Cimino, Rosi o Coppola. Que la escritura de la película, cuarta en su fimografía, es también suya junto a Angelo Pasquini.

La historia sigue a un político italiano en franco descrédito que, tras ser duramente criticado por propi@s y extrañ@s en una de sus apariciones públicas, decide huir y refugiarse en casa de una antigua amiga de juventud en Francia. Como esto ocurre sin previo aviso, su partido apenas tiene capacidad de maniobra para sustituirle en sus compromisos. Hasta que se enteran de que tiene un hermano gemelo, enfermo bipolar recién salido del psiquiátrico, dato que ignoran, y le ven como la solución a la catástrofe que se les avecina.

‘Viva la libertad’ ha obtenido los favores del público y de gran parte de la crítica. Ha funcionado muy bien en la taquilla de su país y aquí le ocurre otro tanto. Tiene esa combinación, digamos, de fondo y forma que gusta a un amplio espectro de espectadores-as que la han celebrado y la celebran mucho. Tiene, sobre todo, al siempre excelente Toni Servillo. Aquí, además, por partida doble. Y, de alguna manera tan paradójica como indirecta, se beneficia, por nacionalidad y por su protagonista, del éxito de ‘La gran belleza’, de Paolo Sorrentino.

Pues bien, quien esto suscribe lamenta ser una voz discrepante. Ni le ha gustado su factura, con una puesta en escena desvaída, plana y convencional. Ni le ha gustado el tratamiento de un tema que pedía a gritos una corrosividad, una lucidez, una carga de profundidad y un rigor en su análisis satírico de la política y de la clase política del país, del que carece absolutamente. Abunda, sin embargo, en facilonas demagogias, en recetas simplistas que insultan la inteligencia, en resoluciones populistas y pseudosentimentales, en banalizaciones y en banalidades.

Claro que su personaje central se erige muy por encima de tales carencias y defectos de un guión más que deficiente. Y que alegra, a la par que entristece, ver a Valeria Bruni Tedeschi malgastar su talento en un personaje tan lleno de clichés. Penoso que haya desaprovechado el filón de una idea más que brillante e incluso su irresistible comicidad… Se siente, es lo que hay.

 

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