‘La doctora de Brest’: Las batallas de Iréne

Esta película que nos ocupa ha recibido algunas críticas demoledoras. Titulares que la describen como un telefilme  con un quijotismo de saldo; como previsible; como que va buscando a Loach y no lo encuentra; como que tiene falta de cohesión en el guión y planos gratuitos… Casi todas, lo que no les descalifica para juzgarla, ni muchísimo menos, firmadas por hombres.

‘La doctora de Brest’ es una producción francesa, de 128 minutos de metraje, dirigida por Emmanuelle Bercot y coescrita por ella junto a Séverine Bosschem, Romain Compingt y la propia protagonista Iréne Franchon, en cuyo libro autobiográfico “Mediator 150 mg. ¿Cuántas muertes?”, está basada. Con una brillante fotografía de Guillaume Schiffman y una vibrante banda sonora de Martin Wheeler y Bloom. Su factura es impecable y en sus títulos de crédito figuran muchas mujeres.

Un equipo mayoritariamente femenino rindiéndole homenaje a la lucha de una semejante, la ya citada Iréne Franchon. La neumóloga que se atrevió a desafiar a la industria farmaceútica, a los laboratorios y a las más altas magistraturas del Estado, para defender la salud y la vida de sus pacientes. Salud y vida seriamente comprometidas por un medicamento, el Mediator, en principio recetado para la diabetes, y luego, para el control de peso. Sus destinatarias fundamentales eran también mujeres.

La realizadora – cuyo padre era cirujano, y que ha declarado que, de pequeña, le gustaba visitar los hospitales – transmite y contagia la admiración que siente hacia su protagonista y hacia sus batallas tan desiguales contra dicho establishment sanitario, político y económico.

La transmite y contagia con una puesta en escena tan absorbente como estimulante, que también deja constancia de su duro esfuerzo y del de quienes la apoyaron. De una lucha titánica que duró más de dos años y que tuvo daños colaterales. Se ha dicho que es esquemática en su retrato de los villanos de la función. No para quien esto firma, aunque eso deberán juzgarlo ustedes. Pero nadie ha comentado el que hace, tan tierno, sensible y solidario,  de otro personaje masculino maravilloso, el marido.

En cuanto al reparto, Benoit Magimel siempre sabe estar. Pero la estrella absoluta, por su carisma, entrega y talento es la maravillosa Sidse Babett Knudsen.

Con sus virtudes, y defectos, con sus logros y carencias, otra mirada de mujer en homenaje hacia una figura femenina singular que ganó para sus pacientes, su razón de vida y de lucha, una batalla fundamental contra la muerte por prescripción facultativa. Véanla.

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