Archivo mensual: junio 2014

‘Hermosa juventud’: Vidas robadas

Decir que ‘Hermosa juventud’ es la cinta más asequible de Jaime Rosales – Barcelona, cosecha del 70, ‘Las horas del día’, ‘La soledad’, Goyas 2007 a la Mejor Película y al Mejor Director, ‘Tiro en la cabeza’ y ‘Sueño y silencio’ – no es desmerecer a este realizador, rara avis de un cine tan adocenado y previsible como el nuestro. No es desmerecer a un autor radical y transgresor en su puesta en escena, guión y contenidos. Antes al contrario, se trata de apreciar aún más su voluntad de cercanía sin que ello implique renunciar a sus señas de identidad.

Una mirada como la suya que ha registrado la banalidad del mal y el terror en estado puro desde los verdugos y desde las víctimas. Una mirada como la suya que ha retratado la pérdida, el duelo, la transcendencia y la desintegración de lo cotidiano, cuando irrumpe una tragedia inesperada. Una mirada como la suya, tan personal e intransferible, no podía dejar de detenerse en el inhóspito paisaje de un país en la ruina política, económica y moral que hace pagar a l@s más vulnerables la codicia de los poderosos.

Una mirada como la suya registra, en esta su última propuesta, la historia de dos jóvenes desheredados de la fortuna. De una pareja de veinteañeros que ni saben, ni pueden darle respuesta a una situación perversa que bloquea todas sus posibilidades de futuro y que se complica aún más cuando ella se queda embarazada y opta por tener a su hija. No sin verse abocados antes a una ‘salida de emergencia’ nada deseable.

El cineasta da cuenta de este proceso en 100 intensos minutos de metraje en los que la evolución de acontecimientos y personajes nos es mostrada en todos sus contrastes y coherencia. Desde las madres de la pareja. Una trabajadora, fuerte, realista, generosa y consecuente, tirando de todo el carro familiar, con un ex marido que no está a la altura, espléndida Inma Nieto. Otra, enferma y egoísta, incapacitada física y emocionalmente. El hermano de ella, un adolescente enfrentado a toda autoridad y yendo a su aire, pero dependiente.

L@s colegas, las amistades, los lugares de ‘esparcimiento’, el peregrinaje de entrega de currículums, el impúdico interrogatorio, disfrazado de buenrollismo, del ‘empresario’ porno. El embarazo. La decisión. La maternidad y la paternidad, los cambios personales que opera en el y en la protagonista, la manera de asumirla de uno y de otra, sus dificultades y miserias en este paupérrimo contexto. Los entornos familiares. Las estrecheces. El progresivo e implacable oscurecimiento de los horizontes vitales. La imposibilidad de acceder a un trabajo digno y estable. El verse abocad@s a trapichear con lo que no tienen y con sus cuerpos, a salir de un país que devora a sus hij@s…

Un guión solvente, coescrito con su habitual Enric Rufas. Un reparto más que sólido y unos protagonistas transmitiendo credibilidad y buen hacer, sobre todo ella, Ingrid García Jonsson. Una puesta en escena más clásica, pero que no renuncia a planos y enfoques marca de la casa. Unas elipsis muy certeras utilizando los lenguajes virtuales de la generación retratada. Un buenos diálogos, sin olvidar los silencios. Un título tan irónico y cínico para describir la devastación y la indignidad de “esta España nuestra”, a la que cantara Cecilia. Una crónica amarga e inmisericorde de unas vidas robadas, de visión obligatoria.

 

No solo cine. Memoria emocional: ‘Bienvenida a casa, vecina’

La abajo firmante es una ciudadana de izquierdas, animalista, republicana, feminista y agnóstica. El orden de los factores no altera el producto. La abajo firmante hace décadas que solo usa el programa de Semana Santa a la contra, para no coincidir con ningún desfile procesional y deplora que no haya alternativas laicas, culturales, sociales, políticas o lúdico-festivas, en esos siete días en los que Sevilla está literalmente tomada por imágenes y nazarenos. La abajo firmante es enormemente crítica con toda esta parafernalia y así lo escribe para dejar constancia de sus ideario y opiniones, que va a mantener. La abajo firmante sabe lo que se arriesga al escribir estas líneas, que son la excepción que confirma la regla, de ahí este prólogo.

 

Pero… La abajo firmante no pudo sustraerse a la intensa emoción estética y sensorial que la embargó cuando casualmente, estando en compañía de su hija, se encontró ayer por la tarde-noche cara a cara con el paso de la Macarena que procesionaba, de manera extraordinaria, por el 50 aniversario de su Coronación. A la intensa emoción, recuperada e inscrita en su ADN de la infancia, juventud y madurez temprana cuando conciliaba, sin problemas aparentes, en estas dos últimas etapas, el ser progresista y disfrutar enormemente con dichos fastos religiosos. Cosa que no ocurría desde hacía más de veinte años.

Así sin posibilidad de avanzar, ni retroceder, absorbidas por una impresionante muchedumbre, tuvimos ocasión, sí o sí, de contemplar un palio radiante y extraordinariamente bien mecido a los sones de Los Campanilleros o Pasa la Macarena. Tuvimos ocasión, sí o sí, de verlo entrar y salir de una conocida iglesia con el esfuerzo ímprobo de los hombres que, desde abajo, lo movían armoniosamente. Tuvimos ocasión, sí o sí, de oír los himnos, las saetas, y los aplausos que no cesaron en todo el recorrido, y los ‘guapa, guapa y guapa’ que la aclamaban a su paso.

Tuvimos ocasión, sí o sí, de sentir como los costaleros lo daban todo por esa imagen única atribuida a La Roldana. Tuvimos ocasión, sí o sí, de experimentar como las velas, el incienso, las marchas, los tambores, la lluvia de pétalos en la noche de primavera, la excitación tan profundamente pagana, no solo religiosa, sino sensorial, nos alcanzara de lleno en el epicentro de la emoción y de la sensibilidad. Porque ahí estaba un barrio obrero volcado, un barrio de tradición luchadora. Porque ahí lucían los espejos, los mantones de manila, las colgaduras, los mantoncillos en cada balcón de cada calle. Porque la imagen ha estado fuera una semana de celebraciones y a su vuelta la esperaba una pancarta: ‘Bienvenida a casa, vecina’.

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