SEFF, XII Edición. Toma 2: Madre e hija

Vaya por delante que, a juicio de quien suscribe, ‘Mia madre’, Sección EFA, no es la mejor, ni la más redonda, película de su firmante, el italiano Nanni Moretti.  A esta historia de una directora de cine políticamente comprometida e inmersa en una crisis existencial, con su madre gravemente enferma… A esta historia de una realizadora, trasunto y alter ego del cineasta, le sobran metraje, reiteraciones y contención ante la inminente pérdida. Y, por contra, le falta, lo que sí tenía la extraordinaria ‘La habitación del hijo’,  intensidad, desgarro y conmoción.

Pero posee muchas cualidades más que apreciables y dignas del talento y la sensibilidad del realizador. Como, por ejemplo, la inversión de roles de género, sin trazos gruesos sexistas, con el personaje central, la espléndida Margherita Buy. Ella es un sujeto en el ejercicio de su trabajo, de su profesión y de sus libertades, con todas las consecuencias.

Ella dirige y protagoniza su existencia, aunque sienta desmoronarse su vida. Ella está al cargo de su equipo de rodaje, pero también de su familia, en igualdad de condiciones con un ex marido y padre que comparte, y algo más, el cuidado de su hija, una encantadora y lista adolescente tan bien encarnada por Beatrice Mancini.

Aunque atenta a su evolución, los cuidados y la atención básica de la progenitora se los procura su hermano, un inédito, tierno y solícito Nanni Moretti. Ella toma las decisiones en su esfera afectiva y laboral, sean o no acertadas. Pese a su carácter difícil y perfeccionista, que no va en su detrimento,  todo lo contrario, no está dibujada esquemáticamente, sino con una amplitud de miras, comprensión y lucidez notables.

Los varones, sensibles. Las mujeres, fuertes y asertivas, pero nunca duras. La madre, una antigua y valorada profesora de disciplinas ahora lamentablemente en desuso, y tan básicas para una educación en valores e integral. Un hijo amante y generoso que es capaz de ver más allá del futuro laboral y estar con ella hasta el fin. Un rodaje tan divertido – gracias al desternillante talento de un sensacional John Turturro, que no duda en reírse de sí mismo, arrancándonos incontenibles  carcajadas – como duro. El cine dentro del cine, las tripas de una filmación…

102 minutos de metraje. La escriben Nanni Moretti, Francesco Piccolo y Valia Santella. La fotografía, muy bien, Arnaldo Catinari. Tiene una música hermosa, con unos preciosos temas, que subrayan sabiamente lo narrado. Habitada por la tristeza y la melancolía. Por una desolación no catártica, pero que la sobrevuela en todo momento. Su mirada es la de una mujer que no se resigna a una pérdida inevitable, de una mujer hecha pedazos, pero que no se rinde. Pese a las carencias citadas, lo que cuenta, y como lo cuenta, es valioso, relevante y nos concierne. Véanla.

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