SEFF, XII Edición. Tomas 12 y 12+1: Fuera de(l) campo

Dos películas pequeñas en presupuesto y objetivos, pero no en interés y calidad, se han visto en la Sección Oficial. La española, ‘O futebo’, de Sergio Oksman, brasileño afincado en nuestro país, y la rumana ‘One floor below’, de Radu Muntean. Ambas tienen en común que el núcleo central que desarrolla la historia permanece fuera del campo narrativo y del campo físico, en cuanto al fútbol se refiere.

En la primera, claramente autobiográfica, el realizador y su padre se reencuentran, tras décadas sin hacerlo, en su país natal, donde vive el primero, y se citan para los Mundiales de Fútbol de 2014. En unos días intensos donde ocurrirá lo inesperado y mientras se suceden los encuentros que nunca vemos. Apenas en pequeños bares a lo lejos y muy esquinadamente, u oímos los rugidos multitudinarios, o solo una imagen del equipo brasileño antes de un partido, mientras suena el himno nacional.

Pero sí se registran, en cambio, las jornadas y los contendientes mientras los dos hombres charlan y debaten, o se ponen al día, en planos fijos o muy concretos de exteriores o interiores. Vemos al progenitor con su gracia, sus costumbres, con su cultura futbolística, en su trabajo, con su fuerte personalidad y sus manías.

Es un retrato, objetivo y lleno de ternura reprimida, de un anciano desconocido, pero tan próximo. Todo un acierto el de la película su puesta en escena y el obviar este acontecimiento deportivo. Mantenerlo en un segundo plano, aún tan presente, fuera de campo. 70 minutos de metraje. El guión lo han coescrito el propio director y Carlos Muguiro. La estupenda fotografía – nada al uso, como la propia cinta – es de André Brandao y su sonido de Joao Godoy, Vitor Coroa y Eduardo G. Castro. Más que digna y singular.

En la rumana, un hecho terrible ocurre en un bloque. Un hecho de cuyas horas precedentes, fue testigo uno de los vecinos. Este hombre, algo autoritario, muy amante de su familia, entre la que cuenta a su perro, oculta esa información crucial – que puede señalar claramente al sospechoso – a la policía. Pero la intromisión del presunto culpable en su casa, y en su intimidad, congraciándose con su mujer y su hijo, cambiará su actitud. Aunque no en la dirección esperada.

También hay muchos fueras de campo en esta cinta. El propio delito, un asesinato machista. Las razones de un silencio, luego complicidad, que pueden antojarse incomprensibles, puesto que no es la simpatía por el criminal lo que le mueve. Todo lo contrario. Al realizador le interesa, en este caso, el conflicto moral de este hombre, hasta entonces un ciudadano intachable. El desasosiego creciente que se apodera de él y que nos alcanza como espectadores-as. Su cara a cara, en una escena, con el otro, a quien desprecia. La propia conclusión del relato…

93 minutos de metraje. El guión, es del director y de Alexandru Baciu. La fotografía, de Tudor Lucaciu, el montaje de Alexandru Radu y el sonido, de Andre Rigault.

Dos filmes estimables y curiosos. Dos filmes humildes, frente a tanta grandilocuencia hueca, que merecen ser vistos.

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