SEFF 016. Toma 7. Sección Oficial, ‘Solo en el fin del mundo’: Las palabras para decirlo

Producción franco-canadiense de 95 minutos de metraje. Escrita y dirigida por Xavier Dolan, sobre la obra teatral de Jean-Luc Lagarce. Su excelente fotografía es de André Turpin y su música, del presitigioso Gabriel Yared. Gran Premio del Jurado en Cannes. Da cuenta de la vuelta al hogar, tras doce años de ausencia, de un joven escritor, enfermo terminal, que pretende comunicárselo a su familia y despedirse. Pero los conflictos y tensiones que desencadena su regreso, no le pondrán las cosas nada fáciles.

Para empezar, comentarles que quien esto firma se ha encontrado en franca minoría con su insatisfacción ante esta película. Una gran parte de l@s compañer@s de la crítica ha mostrado su entusiasmo por ella. Esto para que lo tengan en cuenta. En cualquier caso, adelantar que debe verse. Para amarla u odiarla, pero debe verse.

Posee una impecable factura formal, elegancia, sugerencia e intensidad en su puesta en escena y algunas escenas hermosas y emotivas . Pero falla en todo lo restante. Tiene un tratamiento histriónico, gritón, artificioso, presuntamente provocador y trascendente, que se queda en la superficie. Lanza llamaradas de exasperación en las interrelaciones, por llamarlas de alguna manera, de un grupo humano unido por lazos de sangre y separado por todo lo demás.

Estas personas apenas si nos son mostradas en sus diferentes caracteres o lo hacen a través de un histrionismo tan irritante, que elude cualquier matiz. Pero hay algo aún peor. La figura de un machista, maltratador y homófobo, resentido, violento y rabioso, que interpreta al límite de sus fuerzas Vincent Cassel es, no se dirá justificada, pero sí comprendida e incluso compadecida.

Su víctima, con el clásico síndrome, es una excelente Marion Cotillard que nunca se le opone. Cierto es que sus cara a cara íntimos con un estupendo Gaspar Ulliel, ya que ambos son los únicos que saben estar, escuchar y mirar, aunque apenas se pronuncien, son lo mejor del filme

Tampoco el retrato maternal es muy fino – ¡¡¡Ay, querida Nathalie Baye, ¿qué has hecho con tu cara…?!!! – y el de Léa Seydoux, quien ni si quiera desgañitándose consigue resaltar. Dolan ha desaprovechado un reparto espléndido, de lujo y atractivo. Ha preferido el efectismo a la sensibilidad. La catarsis más burda a los matices y a la contención.

Este del reencuentro familiar es un género cinematográfico en sí mismo y hay que hilar muy fino para no incurrir en los peores clichés. No es el caso. Dolan no ha hilado nada fino, pero ha provocado un gran efecto en personas cuyo criterio respeta quien suscribe y por ello les anima, de nuevo, a verla.

Y a propósito de personas valiosas desaparecidas para siempre, un tributo a la figura del periodista y amigo José Luis Jurado, asiduo al SEFF, al que se añora enormemente en las salas, y en la vida, por su cultura, no solo cinematográfica, enciclopédica, por su generosidad, su sencillez, su sabiduría y su calidad humana. El Festival le debe un homenaje. Escrito queda.

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