‘Después de la tormenta’: Retratos de familia

Hirokazu Koreeda, productor, guionista, montador y realizador japonés de la cosecha del 62, tiene una de esas filmografías notables en la que brillan títulos como ‘Still walking’ (2008), ‘De tal padre, tal hijo’ (2013) o ‘Nuestra hermana pequeña’ (2015), entre casi todos los que ha rodado. Se ha dicho de él, con toda solvencia, que explora temas como la memoria, la muerte y la pérdida. Pero, desde luego, también la familia. Toda clase de familias. Esta, su última propuesta, es un ejemplo fehaciente.

‘Después de la tormenta’ está dotada de un principio de realidad que no se confunde con las emociones -aunque no sea ajena a ellas – sino que se sostiene y se reafirma con sabiduría y lucidez. Pero también con un siempre irónico, sutil y suavemente cínico sentido del humor. En efecto, eso la hace distinta de sus aproximaciones anteriores a ese grupo de personas unidas por lazos de sangre, que constituyen una institución en sí mismas.

Porque desdramatiza los afectos teóricos, e incluso genuinos, que los hechos y la práctica desmienten. Unos afectos cuya carencia acusa en su vida el protagonista masculino, excelente Hiroshi Abe, pero de los que es totalmente responsable. Precisamente por su modus vivendi y compulsiones, que le hacen desatender sus compromisos como progenitor. Su propia madre – una maravillosa Kirin Kiki – es consciente de tales inconvenientes, que atribuye graciosamente a la herencia (paterna) recibida.

¿Podrá esa tormenta anunciada, ese tifón anunciado, que reúne inopinadamente a padre, madre, abuela e hijo, en casa de la anciana, hacer que vuelva todo a su cauce? ¿Conseguirá ese hombre atractivo y dotado de talento, en la cincuentena, retomar su carrera de escritor y liberarse de sus adicciones? ¿Le dará otra oportunidad esa mujer consciente y generosa – estupenda Yoko Maki –  que ya le ha dado tantas ?

Las respuestas deben encontrarlas, o suponerlas, en la visión de esta producción nipona de 117 minutos de metraje. Escrita por el propio Koreeda. Fotografiada con talento por Yutaka Yamazaki y cuya música se debe a Hanaregumi.

Es una de las elegidas para debatir en nuestra próxima tertulia de cine del jueves, 1 de diciembre. Llena de buen hacer narrativo, impecable de fondo y forma. Bajo ningún concepto deben perdérsela.

 

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