SEFF, 16 Edición. Sección Oficial. Toma 16. ‘Juana de Arco’: Inquisiciones

Sobre la figura de Juana de Arco, la llamada Doncella de Orleans, se han hecho varias películas de las cuales las más conocidas son la francesa muda, de 1928, obra maestra de Carl Theodor Dreyer, con María Falconetti de protagonista y la estadounidense de Victor Fleming, de 1948, que protagonizó Ingrid Bergman. Ahora, el guionista, productor, editor de cine, profesor y director Bruno Dumont – que ya ganara el Giraldillo de Oro del SEFF en 2016 con la, para esta firmante, detestable ‘La alta sociedad’ – presenta en el Festival su personalísima y singular versión del mito, tras la primera entrega – que se sepa, inédita en Sevilla – ‘Jeannette, la infancia de Juana de Arco’ (2017).

Y aunque esta firmante, con tal antecedente, iba con las carnes abiertas, lo cierto es que ha conectado mucho con esta Juana tan singular, tan niña, tan inocente y tan madura, una espléndida y magnética Lise Leplat Prudhomme. Tan tierna y tan feroz. Tan independiente y tan leal súbdita de un monarca impresentable. Tan indómita, tan segura, tan luminosa y tan afirmativa frente a sus siniestros y miserables jueces y verdugos.

Lo cierto es que ha conectado mucho con esa manera de narrar los hechos históricos, basada en la obra teatral de Charles Peguy. Lo cierto es que ha conectado mucho con esa puesta en escena tan suntuosa – ¡¡¡esos planos de la magnificencia gótica de la Catedral de Rouen!!! – como minimalista. Así, la escena final de la hoguera tan sorprendente y desarmante, tan esquinada y despojada de toda su aura trágica y dramática, aunque las tenga y de qué manera.

Lo cierto es que ha conectado mucho con esa atmósfera de terror, con el hecho de que se centre en esos Padres de la Iglesia, en esos sacerdotes y teólogos, presuntamente doctos y fanáticos oscurantistas, vistos, y ridiculizados, en todas sus despreciables miserias. En esos patriarcas derrotados – pese a las condena y ejecución de la feroz sentencia – por la inapelable sinceridad y claridad de ideas de una niña. Porque aquí Juana sigue siendo una niña con un pesado destino, con una compulsiva misión sobre sus hombros.

133 minutos de metraje. La escribe, sobre la obra citada, el propio director. La fotografía, la imagen, que cortan la respiración, la firma David Chambille. Su factura es hermosa e impecable. Y su reparto sólido y solvente, en estado de gracia.

Permitan que les rompa los esquemas y véanla.

 

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