SEFF 2022, 19 Edición. Selección EFA, ‘La emperatriz rebelde’: La tiranía de la belleza, la maldición de la edad…

«A los 40 años, una desaparece, se disuelve y se oscurece como una nube», así reflexiona la emperatriz consorte de Austria, Isabel de Baviera, la famosa Sissi, en la Navidad de 1877 en ese aniversario tan fatídico para ella.

Y así arranca esta singular coproducción entre Francia, Luxemburgo, Alemania y Francia, de 112 minutos de metraje, escrita y dirigida por la guionista, dramaturga y cineasta Marie Kreutzer, cosecha del 77. Fotografiada con excelencia por Judith Kauffman, su música – anacrónica y contemporánea – se debe a la cantautora Camille.

Interpretada por la magnífica y carismática Vicky Krieps, justamente premiada por esta composición en Un Certain Regard de Cannes y en Sarajevo, obtuvo el Premio a la Mejor Película en el BFI London Film Festival y es precandidata por su país al Oscar 2023 a la Mejor Película Internacional.

La realizadora retrata a esa soberana tan retratada, para lo mejor y para lo peor, en cine y en series eluyendo el mito y acercándose, acercándonos a una mujer a quien no se le permitía opinar sobre ningún asunto, en quien se escrutaba – incluso, se nos muestra aquí, con comentarios que rozaban el insulto, la falta de respeto y la impertinencia – el paso del tiempo, el peso y la forma física.

A una mujer alienada, pero paradójicamente lúcida, que se sometía a dietas estrictas, ayunos a todos los efectos, trastornos alimenticios a todos los efectos, que comprometían su salud. A ejercicios en los que fue pionera. A corsés tan estrechos que le comprimían la respiración. A quien se veló la cara, aún siendo joven, para que no se percibieran los estragos de la edad en su rostro.

A una mujer esclava de tales cuidados, consciente de ser un icono de belleza y de moda, como los de una melena que le pesaba enormemente y de mantener sus kilos a raya. De hecho, no llegó a los 50 teniendo una estatura de 1.72, muy alta para la época. A una amazona apasionada, a una caminante sin tregua que paseaba incluso en la oscura noche por los jardines del palacio.

Pero también a una mujer adelantada a su época, culta y con ideas propias que no se le permitía expresar. Infelizmente casada, radicalmente opuesta en carácter y personalidad a su marido e incluso a sus hij@s a quienes les perturbaban y avergonzaban algunas de sus actitudes. A una dama que se permitió invitar a la amante de su marido, un libertino a todos los efectos, y pedirle que siguiera compartiendo su lecho.

A una viajera infatigable, tan afectuosa como tirana con sus doncellas y damas de compañía, a la más íntima no le dejó casarse. A una prima cómplice y cariñosa, que adoraba a Ludwig. A una fumadora empedernida. A una mujer moderna en el más integral sentido del término. A una soberana sin poder real. A una criatura torturada y contradictoria. A una persona que despierta nuestra empatía pero cuyas aristas y oscuridades también nos son mostradas.

Y la retrata y lo hace permitiéndose, dentro del necesario rigor histórico, muchas licencias narrativas como la de cortarse la melena. Y la retrata accesible e inalcanzable, déspota y tierna, presa en una jaula de oro de la que no podía escapar. Y la retrata muy bien, apoyada por una factura impecable elegante y tan majestuosa como contenida, sin concesiones al mito pero comprendiéndola. Una mirada de mujer, a la vez osada y rigurosa, sobre una monaca de leyenda.

Deberían verla.

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