SEFF, XII Edición. Tomas 7 y 8: Arsénico y champán…

De las tres películas vistas ayer en la Sección Oficial, dos de ellas tienen más de un denominador común, aún siendo radicalmente distintas. Hablamos, por orden cronológico de proyección, de la coproducción entre Inglaterra, Hungría y Francia, ‘The childhood of a leader’, de Brady Corbet y de la también coproducción entre Francia, República Checa y Bélgica, ‘Madame Marguerite’, de Xavier Giannoli.

Ambas están ambientadas también en uno de estos países citados, Francia y en los años 20. Ambas están estructuradas en capítulos o epígrafes. Ambas se centran en ambientes cultural y socialmente privilegiados. Ambas tienen una espléndida factura y equipos técnicos muy cualificados que les dan soporte.

Ambas están coescritas por sus propios directores y sendas mujeres. Mona Fastvold, en el primer caso y Marcia Romano, en el segundo. La primera está basada en un relato de Sartre y la segunda en un personaje real, la soprano estadounidense Florence Foster Jenkins, a cuya figura dedicará su próximo film, Stephen Frears, con Meryl Streep de protagonista.

Pero aquí acaban sus semejanzas… La primera remite a la infancia, tan disciplinada como conflictiva, de un futuro gobernante autoritario, trasunto de Hitler. Y la segunda a un microcosmos mundano y cultivado, donde se rinde pleitesía a la belleza, a través de la música. En la primera, las rabietas de un niño, en momentos históricos claves, son las protagonistas. En la segunda, la obsesión de una aristócrata melómana por cantar frente a la lógica aplastante de su carencia absoluta de facultades.

"The Childhood of a Leader"

“The Childhood of a Leader”

En la primera, la diplomacia y la política. En la segunda, el arte. El tratamiento en la primera es austero, de puro formal, y apenas si se interesa por la evolución y el desarrollo de sus personajes. Bajo una aparente sutileza, se esconde, desde la opinión de quien esto firma, una línea narrativa esquemática y plana, que da un giro de 180 grados en su efectista y grandilocuente final. Su reparto es irregular pues ni Bérénice Bejo, ni aún menos Robert Pattinson, funcionan demasiado bien. Liam Cunningham y Yolande Moreau, son los mejores.

La segunda es, por el contrario, compleja, divertida y burbujeante. Muy brillante formalmente y con un gran mimo por sus personajes, en general muy bien definidos hasta los-as más secundarios-as. Es satírica y mordaz, pero siente compasión por el autoengaño que sufre su protagonista, una inmensa Catherine Frot, y contiene muy buena observación de ese microcosmos muy particular en el que el verdadero talento se alía con el fraude y la mentira. Su banda sonora contiene piezas inmortales servidas por voces privilegiadas, excepto en el caso ya citado.

Tan semejantes y tan diferentes… Las dos caras de una época y un país. Tan letal como el arsénico ejemplificado en la gestación de un líder ferozmente destructivo y tan dorado como el champán de un mundo que supo dar lo mejor de sí mismo en creatividad y talento.

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