‘El espía inglés’: Los Ojos del Estado

El título de esta entrada hace referencia a lo que dice uno de los personajes centrales sobre sus compatriotas soviéticos. Exactamente que son los Ojos del Estado, que todo lo observan, que de todo desconfían y que de todo dan cuenta a las autoridades pertinentes. Corren, en esta historia basada en hechos y personajes reales, los años más crudos de la de por sí insidiosa Guerra Fría. Años en los que la tensión entre dos potencias como Estados Unidos y Rusia comprometía gravemente la propia supervivencia planetaria ante la amenaza de una guerra nuclear.

Tal estado de cosas llevó a dirigentes del M16 y de la CIA, un hombre y una mujer respectivamente, cuyos agentes en la URSS habían sido identificados o estaban quemados, a proponer a un ingeniero y hombre de negocios – casado y con un hijo y del todo ajeno a esas lides, que hiciera la misión de «correo» para un militar soviético muy prestigioso que trabajaba para ambos organismos, Oleg Penkovsky, alguien con quien llegó a establecer sólidos lazos de amistad y apoyo mutuos – viajando hacia Moscú con frecuencia por motivos laborales. Lo hacen blandiendo un panorama de destrucción total y prometiendo respaldarle, y ocuparse de su familia, si fuese descubierto.

Este hombre fue el británico Greville Wynne, primero ignorante, casi inocente, de lo arriesgado de su misión y de las consecuencias de sus actos y luego convertido en un héroe muy a su pesar, ya que la crisis de los misiles cubanos, un punto álgido y de posibles dramáticas consecuencias, le hizo inclinar la balanza hacia la Agencia Central de Inteligencia estadounidense. Dicho conflicto, máximo punto de tensión que mantuvo al mundo en vilo, provocó que ambos amigos y colaboradores, sobre quienes se cernían ya las sospechas, fueran detenidos y…

En ‘El espía inglés’ – o en su título original mucho más ajustado ‘The Courier’, producción británica fechada en 2020, de 111 minutos de metraje, realizada por el prestigioso director teatral Dominic Cooke, cosecha del 66, segunda de su filmografía cuyo debut en el cine fue registrado en estas páginas: https://sevillacinefila.com/2018/07/10/en-la-playa-de-chesil-melodia-interrumpida/ cuyo irregular guión firma Tom O’Connor, cuya excelente fotografía se debe a Sean Bobbitt, su intensa banda sonora a Abel Korzeniowski y que cuenta con un sólido reparto al frente del cual se sitúa un poderoso y magnífico Benedict Cumberbatch, destacando también a Merab Ninidze – se añoran la intensidad de este tipo de películas de género, la sorpresa, la lucidez y profundidad en el retrato de los personajes, el mimo por los secundarios, el suspense…

Es un producto digno y bien acabado, pero demasiado convencional. Y, sobre todas las demás consideraciones, ideológicamente muy maniqueo y ferozmente anticomunista, porque americanos e ingleses son intocables aquí, apenas hay veladas críticas acerca de ambas naciones.

Contiene dos relatos fílmicos en uno, el primero de los cuales es más lucido y el segundo es un pathos del infierno que este hombre sufrió realmente en las cárceles rusas, que dejó su salud muy quebrantada y provocó su temprana muerte años después. Pero ni la descripción de tales tormentos, junto a la inquebrantable lealtad a su país, a su compañero de fatigas y al enorme coraje del que comenzó siendo un aficionado en el oficio, redimen a ‘El espía inglés’ de su linealidad y de su adocenamiento.

Escrito queda. La pelota está en sus tejados.

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