18 Festival de Sevilla. Sección Oficial, Toma 15. ‘Vaca’: PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN

La animalista y vegana que esto firma no pudo soportar, y a duras penas…, más que 40 minutos de este documental, primero de este género en su filmografía y quinta mirada de mujer de este Concurso, de la actriz, guionista y cineasta británica Andrea Arnold – cosecha del 61 y Oficial de la Orden del Imperio Británico, de la que hemos visto las notables ‘Red Road’ (2006), ‘Fish Tank’ (2009) y American Honey’ (2016), las tres ganadoras del Premio del Jurado en Cannes – que, según la escueta descripción de su sinopsis que hace FilmAffinity: «nos sumerge en la trayectoria vital y la rutina de trabajo de una vaca en una explotación ganadera»

¡¡¡Trayectoria vital se escribe, rutina de trabajo, se escribe!!! En lo que nos sumerge en el horror de algo que no puede de ninguna manera ser llamado vida y en la, eso sí, explotación más inicua y feroz – que pasa por amable, les dicen bonita, vamos, ha tenido una chica, bien… – de criaturas sintientes por la especie llamada humana.

Centrada en Luma, que acaba de parir – y aún con las ubres doloridas e hinchadas y el cordón umbilical colgando, apenas si le dan tiempo de lamer a su bebita – que aún no se tiene en pie cuando la separan de ella. Los mugidos de dolor de la madre traspasan la pantalla, su mirada también nos interpela y conmociona. Pero debe ser ordeñada mecánicamente para extraerle toda la leche posible…

… Mientras su pequeña, encerrada como la madre, como las demás compañeras de infortunio y de infierno, en un mínimo cubículo, es forzada a alimentarse con un líquido blancuzco a través de un artilugio mecánico cuya «tetina» es demasiado grande, le golpea la cabeza, se mueve y apenas si la deja succionar.

Pero, cuidado, que no han acabado aún con ella, pues tienen que marcarla, sin anestesia y en vivo, con su número en las orejas y desmocharla por cauterización con un quemador en la cabeza. Prácticas ambas dolorosas con un animal que, se insiste, no se tiene en pie, que añora a su mami, que lame a sus compañer@s de infortunio por afecto y buscando sus ubres inexistentes en el zulo donde les tienen encerrad@s.

Mientras, los «simpáticos» granjer@s siguen «pendientes» de Luma y comentan con alegría que va a estar preparada otra vez. Se entiende que para ser montada, se entiende que para parir de nuevo, se entiende que para quitarle el nuevo bebé, se entiende que para que su leche sea de nuevo extraída, se entiende que para… En este punto, esta firmante no pudo soportarlo más y abandonó la sala.

La directora ha declarado al respecto. «Rodamos durante cuatro años y no manipulamos nada, no se podía, ni quería, orquestar nada. Tenía ideas sobre lo que podía pasar, pero lo que pasó, pasó… Me di cuenta que los ojos de la vaca Luma lo eran todo, que podías ver a través de sus ojos y que debía acompañarla en su experiencia». Así de «neutral», así de «objetiva», no hay crítica alguna en sus palabras y llama «experiencia» al atroz infierno que hacen con estas, se insiste, criaturas sintientes.

Pero, claro, aunque no fuera su intención le ha salido un documental que registra, lo pretendiera o no y aunque nunca tome partido, esta infamia y estas prácticas bárbaras. Por tanto, su resultante es animalista a pesar suyo. Y convierte en necesaria, aunque extremadamente dolorosa, su visión.

No estamos hablando de ficción sino de prácticas REALES, REALES, REALES, a las que normalmente no tenemos acceso. Y eso la convierte en una película valiosa pese a su autora que solo pretendía desmitificar, también en sus propias palabras, el romanticismo que rodea al mundo rural.

Producción británica de BBC Films, Doc Society y Halcion Pictures, de 94 minutos de metraje. Fotografía esta pesadilla muy bien, muy atenta a cada detalle y enfatizando el sentir de los animales, Magda Kowalczyk.

Andrea Arnold también ha comentado, al parecer sin rastro de cinismo e ironía, que «les agradece a las vacas su sacrificio y el inmenso servicio que nos prestan». Quien esto suscribe les pide PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN en nombre de su especie y les asegura que seguirá luchando porque se respeten sus derechos y sus vidas.

Escrito queda. Por un futuro sin explotación animal. Por un futuro vegano.

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