Películas para la próxima sesión de la tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Toma 3, ‘La hija’: Vientre de alquiler

El guionista y cineasta almeriense, de El Ejido, Manuel Martín Cuenca, cosecha del 64, tiene en su haber una filmografía interesante y atípica entre la que destacamos títulos tales como ‘La mitad de Óscar’ (2010), ‘Caníbal (2013), que le valió dos Goyas al Mejor Director y al Mejor Guion Adaptado, o ‘El autor’ (2017). En casi todas ha ejercido además la coproducción y la escritura.

‘La hija’, su última propuesta, es una de las elegidas para debatir, en nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra, este miércoles, 1 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. Producción española, fechada en este año, de 122 minutos de metraje. Su guion lo escribe él mismo, junto a Alejandro Hernández, sobre una historia de Félix Vidal.

La notable fotografía se debe a Marc Gómez del Moral y la banda sonora se nutre de preciosos temas de Vetusta Morla. Del excelente reparto, destacamos al trío principal que sostiene la acción. A saber: Javier Gutiérrez – de nuevo nominado al Goya como Mejor Actor Protagonista por este magnífico, intenso, matizado y duro trabajo – la estupenda Patricia López Arnaíz y la revelación de la excelente Irene Virgüez.

Tiene otra candidatura a los premios por antonomasia del cine español citados como Mejor Dirección. Aunque se antojan muy pocas para un film tan notable. Faltan, como mínimo, las de Mejor Película, Actriz Secundaria y Actriz Revelación.

La historia sigue a Irene, una chica de 15 años embarazada, que acaba de fugarse de un Centro de menores infractores, en el que fue internada a causa de una disputa con su madre toxicómana. El progenitor de la criatura está en la cárcel.

Todo ello con la complicidad de su profesor de referencia, Javier, quien – junto a su mujer Adela, con la que lleva intentando tener descendencia desde hace años, y que fingirá un embarazo a efectos de que todo resulte más verosímil – lo urden y la ayudan alojándola en su casa de la sierra al abrigo de todas las miradas. La condición es que les entregue el bebé, que ella piensa y siente que será niña.

La joven accede, no le queda otra, en principio de buen grado. Pero la salida del padre y pareja de prisión y el cada vez más estrecho vínculo con la criatura a medida que la gestación avanza, hará que se replantee dicho «acuerdo» y precipitará los acontecimientos…

Martín Cuenca confiere a este relato fílmico – entre el drama y el thriller, que en otras manos podría haber sido infumable – una contención, una sobriedad, austera de diálogos, con planos ascéticos y sin apenas subrayados.

Le confiere un ritmo lento, pero nunca aburrido. Un tempo necesario para ir asimilando todas las motivaciones, evolución y características de los personajes, que nos permite contemplar todos los matices de sus interacciones mutuas. Pero, y esto es importante, tiene unos giros de una escritura muy sólida que van desarrollando el desasosiego y un pathos creciente hasta llegar al climax final.

Convierte a las monumentales Sierras de Cazorla y Segura en un elemento dramático más. Tan acogedoras como hostiles, tan hermosas y ásperas, están ahí omnipresentes marcando el destino trágico de tres personas, cuatro contando a la bebita, del que son responsables las personas adultas.

Unas «personas», singularmente el hombre en quien confiaba, que cometen un despreciable abuso de poder sobre una niña usándola -, mediante un chantaje sutil, «protector·» y paternalista, si bien luego se verá que sus fines justifican todos los medios – como vientre de alquiler.

Unas «personas» que la utilizan como una carcasa. Como un mero envoltorio, sin sentimientos, ni libertad para decidir un cambio en ese «acuerdo» tan insidioso. Quebrando su voluntad y sometiéndola de todas las formas posibles. Mientras que un policía, amigo del protagonista, busca a la desaparecida y a su novio que se esfumó también tras un paseo. No hay que hacer más spoilers, ya lo verán. Y ese final tan duro y abierto…

Quien esto firma, ha agradecido que el realizador nos haya ahorrado clichés en la descripción de la joven, ella especialmente, pues no hay aquí ningún tópico al respecto. Al contrario, Irene es seria, agradable, cálida y educada. Otro tanto puede decirse de su pareja y progenitor de la hija que, en su breve aparición, se muestra correcto, dialogante y razonable.

Habrá ocasión de debatirla mañana, miércoles 1 de diciembre, a partir de las 19.30, en Casa del Libro Viapol. En la sesión con la que despide el año nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra.

No se la pierdan bajo ningún concepto.

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