SEFF, 2022, 19 Edición, Sección Oficial. ‘Saint Omer’: La mujer fantasma

He aquí una película que te rompe los esquemas, que te saca de tus zonas de confort, que te zarandea y te confunde. He aquí una película cuya visión, por tantas razones, implica un esfuerzo- ¡¡¡más aún a las 17.15 de la tarde!!!- y te deja sin asideros. He aquí una película, basada en hechos reales, cuya sinopsis, que no acerca sino que puede alejarse de lo visionado, cuenta cómo una periodista francesa- pero de raíces africanas, como la propia realizadora, como ambas protagonistas – viaja a la ciudad del título, en el Norte de Francia, para asistir a un juicio por infanticidio. Algo aparentemente normal para ella pero que la conmoverá y convulsionará hasta las raíces, en el más integral sentido del término.

He aquí una historia con más dudas que certezas, que invoca también nuestro veredicto, que nos interpela como jueces y juezas, y no sólo como espectadores/as. He aquí una historia cruda, dolorosa y terrible que tiene lugar en un juzgado pero que no pone en imágenes un juicio al uso.

He aquí una jueza que interroga a la acusada – culpable confesa de asesinar a su propia hija, un bebé de 15 meses, cuyo infanticidio vemos con la mujer sumergiéndose con la niña en el agua, en la oscuridad de la noche, dejándola a la deriva tapada con una manta, al inicio de la proyección – con amabilidad y mesura, permitiéndonos conocerla a través del interrogatorio.

He aquí la misma mujer togada que interroga de la misma educada manera a la pareja de la parricida, culta e ilustrada estudiante de Filosofía, y progenitor de su hija, que le dobla la edad, enfrentándonos a dos versiones antagónicas.

He aquí a un abogado, el del progenitor, que señala contradicciones y acusa, sin estridencias. He aquí a una magistrada, brillante en sus alegaciones, que representa a la acusada, que distingue el veredicto del hecho de hacer justicia y que denomina a su clienta «la mujer fantasma» porque se revela que vivió encerrada entre cuatro paredes, las de la casa de su pareja, a su vez «separado» y padre de otra hija.

He aquí una mujer embarazada, testigo de estos hechos y de este proceso, con una muy díficil relación con su madre, algo que la une a la parricida. He aquí un hecho terrible sin paliativos, que trata de explicarse y contextualizarse también a unos niveles atávicos y visionarios. He aquí una película que consiguió que muchas personas abandonaran la sala – están avisad@s, su visión no es fácil – que deja un final abierto y lleno de interrogantes, pero que nos interpela.

He aquí otra película francesa – de 122 minutos de metraje, cuya escritura se debe a su directora, junto a Marie NDiaye y Amrita David, cuya fotografía a la vez clásica y dramática la firma otra mujer, Claire Mathon, y que cuenta con dos actrices de talento, Kayije Kagame y Guslagie Malanga – de otra guionista y documentalista francesa, Alice Diop, cosecha del 79, cuyo debut en el largometraje, el que nos ocupa, le ha valido reconocimientos tales como el Gran Premio del Jurado, el Edipo Re y el de la Mejor Ópera Prima en Venecia. Ha sido elegida para representar a Francia en los Oscar a la Mejor Película Internacional.

Escrito queda.

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