SEFF 2022, 19 Edición. Las Nuevas Olas, ‘Aftersun’: Recuerdos de un verano…

La guionista y cineasta escocesa, residente en Nueva York, Charlotte Wells, cosecha del 87, tiene en su haber tres cortos muy premiados. Ayer por la tarde, quien esto firma tuvo ocasión de visionar su ópera prima, ‘Aftersun’ en una sala prácticamente llena del Nervión, que estalló en aplausos al finalizar su proyección, tras el silencio respetuoso que siguio al final y a los primeros títulos de crédito.

Coproducción entre el Reino Unido y Estados Unidos, de 98 minutos de metraje. Escrita por la propia realizadora, su notable fotografía, llena de matices y sugerencias, se debe a Gregory Oke y su no menos excelente banda sonora, que sabe subrayar muy bien lo narrado, la firma Oliver Coates.

Tiene a los dos personajes centrales encarnados por sendos prodigiosos protagonistas: el magnífico Paul Mescal y una niña magnética y arrebatadora, todo un descubrimiento, Francesca Corio. Junto a un@s secundari@s que desprenden naturalidad y credibilidad.

Entre los respaldos recibidos por ‘Aftersun’, están el Premio CineVisión a la Mejor Película Revelación Internacional en el Festival de Cine de Munich, el Premio Especial a la Promoción de la Igualdad de Género en Sarajevo, tres nominaciones a los Gotham, 14 a los British Independent Film Awards, BIFA, incluyendo Mejor Película y la de Mejor Actor a Paul Mescal en los del Cine Europeo. Todos los reconocimientos le son debidos.

Todos los reconocimientos le son debidos a esta historia en la que una mujer adulta, a la que apenas si percibimos en una escena y en la yuxtaposición de imágenes de un baile en una discoteca entre el pasado y el presente, rememora las vacaciones que disfrutó con su padre 20 años atrás, cuando sólo contaba con 11 y el progenitor, un progenitor extremadamente joven cuando ella nació, cumplió en ellas los 31.

Todos los reconocimientos le son debidos a este retrato, tan luminoso como desgarrado, de las vacaciones en un resort turco entre ambos. A este retrato del amor, el respeto, la ternura y la complicidad que se profesan. A este retrato lleno de humor y melancolía, por lo irremisiblemente perdido. A este retrato de una niña sabia, inteligente y muy madura, que vive con su madre en Edimburgo, mientras su padre, divorciado de ella, reside en Londres y no quiere volver a su ciudad natal.

A este retrato de una niña sabia, inteligente y muy madura, que es muy consciente de las cualidades y limitaciones paternas, las económicas, profesionales, existenciales…, que lo conoce muy bien, con el que se entiende sin necesidad de palabras, pero que también es crítica con ellas.

De una niña independiente que es capaz de estar sola y volver, con algo de ayuda, a su habitación mientras su progenitor duerme la mona y, de paso, recibir el primer, y divertido, beso. De una niña que sabe jugar al billar y que gana y admira, formando pareja con su padre, a unos adolescentes que se creían expertos. De una niña tan natural, dentro de su inocencia, que comparte también su tiempo con ellos y sus chicas sin problema alguno.

Todos los reconocimientos le son debidos a este retrato de un hombre en crisis que intenta, con todas sus fuerzas y por todos los medios, sin forzarse, ni forzarla, disfrutar de las mejores vacaciones con su hija. De un hombre que es creativo y que, salvo en un caso, renuncia a sus propios placeres para compartir los mutuos. De un hombre que la anima, la estimula, que fomenta su creatividad y autonomía, pero que la cuida y sabe ponerle límites hasta donde le es posible.

De un hombre que le ofrece cuanto está en su mano y que lamenta no poder darle más. De un hombre tan joven y tan roto, que, en una escena desgarradora, llora desconsoladamente. De un hombre que intenta preservar su precario equilibrio practicando técnicas como el tai chi y la meditación. De un hombre también divertido, lúdico, culto e ingenioso.

De un hombre del que se sugieren fracasos sentimentales, además del de con su ex, y madre de su hija, a quien respeta. De un hombre, de un padre, de una niña, de una hija…

La mirada de la realizadora registra todo ello con una elegancia, una sutileza, una sensibilidad, un humor, un dolor y una nostalgia absolutamente conmovedoras. No es un relato fílmico convencional, se toma su tiempo, su ritmo es el que debe ser, pero tampoco es radical, ni fuerza, ni imposta, una voluntad de estilo.

Su puesta en escena es serena y evocadora. Muestra tanto como reserva. Prefiere que saquemos nuestras propias conclusiones de lo que pudo ocurrir después, aunque dé algunas claves en ese final tan hermoso y abierto de la despedida y de esa hija adulta, en el presente y apenas entrevista, con esa añoranza incurable de un verano irrepetible y de un progenitor también irrepetible. Recorrida por una melancolía que hiere y duele, porque ese verano, esos veranos de la infancia y aún más en este caso, nunca vuelven.

Una película tan luminosa como oscura, tan radiante como triste, tan contenida como intensa, tan abierta como secreta… Tan, tan, tan hermosa, que nadie debería perderse.

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