SEFF Xª Edición. Sección Oficial. Tomas finales: ‘La gran belleza’

Vista ayer por la tarde, a la abajo firmante no le había dado tiempo a hacer la crítica de esta película cuando hoy los teletipos anunciaban que se le habían concedido los Premios de la Crítica Andaluza, ASECAN, el de Eurimages a la Mejor Coproducción Europea y el de Mejor Actor para su protagonista. Esta cinta franco-italiana, candidata por su país a los Oscar, es el séptimo largometraje de Paolo Sorrentino – Nápoles, cosecha del 70 – en la que ha querido revisitar ‘La Dolce Vita’ felliniana en versión contemporánea.

En la sinopsis que proporciona el Festival en su página web se la describe, entre otras cosas, como “un retrato despiadado de la esperpéntica y decadente jet set romana”. Y así es y además ” bajo la mirada empapada de gin tonic del escritor de vuelta de todo, Jep Gambardella” , un eminente Toni Servillo, justamente reconocido en el Palmarés. Personaje, lúcido y corrosivo, que, sin embargo, no escapa a los usos, abusos y costumbres de una clase social con la que tiene una implacable relación de amor-odio. De esto último, sobre todo.

Así, con el potente y diabólico talento visual y la desmesura barroca que le caracterizan, el realizador – coguionista también, junto a Umberto Contarello – hace desfilar ante nuestros ojos a esa impresentable fauna, supuestamente refinada y obscena en sus pulsiones por las apariencias, el dinero, la eterna juventud, la belleza proporcionada por el bisturí, las convenciones y rituales varios en los marcos incomparables de hermosas villas y palacios tan decadentes como ell@s. Con el fondo de una ciudad de la que exprimen su dolce vita, pero cuya realidad política y social les es ajena.

Hasta ahí, nada que objetar, incluso nos son proporcionados momentos realmente antológicos. Véase a este respecto la visita de la presunta Santa, con los Cardenales a la mesa… Pero, al entender de la firmante, este exceso pasa factura, el ritmo se resiente y, junto a escenas brillantes y estupendos diálogos, otro punto fuerte, se cuelan tiempos muertos y baja el interés. Más misógina que misántropa, los personajes masculinos son más complejos, llega un punto en que es fácil desentenderse de estas criaturas sin alma y casi sin matices.

Y aunque el gran Gambardella-Servillo ejerza como un magnífico maestro de ceremonias, llega un punto en que se queda sin interlocutores y el film se deshace muy pronto de quien hubiera sido su perfecta cómplice. Pese a su magnífica factura, su espléndida fotografía y cualidades que no le faltan, a quien esto suscribe la dejó bastante fría y en minoría, por cierto, respecto de la opinión mayoritaria de la crítica presente en el Certamen. Ténganlo en cuenta cuando se estrene.

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