Archivo mensual: noviembre 2021

18 Festival de Sevilla. Sección Oficial. Toma 5, ‘Costa Brava, Líbano’: Resistentes

La segunda mirada de mujer de la Sección Oficial del SEFF es la de la debutante libanesa Mounia Akl, cosecha del 89, escritora y cineasta que vive entre Beirut y Nueva York. Resulta estimulante, y novedoso, para quien esto firma que la realizadora nos presente aquí a una familia compuesta de madre, padre, dos hijas, una adolescente y otra menor, y la abuela paterna que son, al menos los progenitores y ella, además, cantautora, progresistas y activistas de izquierdas. Presuntamente agnóstic@s e instalad@s en la modernidad con todas las consecuncias, no hay rastro de velos, ni de temática religiosa alguna. Lo que supone ahorrar más de un cliché, así de entrada.

Este peculiar grupo humano, unido por fuertes lazos afectivos pese a las inevitables discrepancias, ha abandonado Beirut para trasladarse a un precioso entorno de montaña alejándose de la polución y de las corrupciones políticas de la urbe. La paradoja es que estas vienen a visitarles a su propia casa en forma de un vertedero presuntamente «ecológico» que patrocinan el jefe del gobierno y sus adláteres.

Como se han negado a vender la casa y el terreno, la maquinaria excavadora que arrasa árboles, paisaje y belleza para convertirlo en terreno baldío y basura, les cercan cada día haciéndoles la vida imposible y el aire irrespirable. Aunque tengan apoyos en la capital, que arde en contra de tales representantes políticos, se ven inermes ante la descomunal embestida de quienes buscan el beneficio a cualquier precio. Esta insoportable tensión que padecen se proyecta también en ell@s y…

Mounia Akl mima a sus personajes y los dota de identidad propia, de credibilidad y de encanto. Les contempla con ternura, afecto y sentido del humor. Desde el padre cabezón pero tierno, a la madre que ha dejado su brillante carrera por una utopía que se le desmorona, a la abuela contestataria y a la niña menor arrolladora y adorable que tiene «rituales» numéricos para alejar los males, y a los malos, de sus seres queridos. La adolescente, por contra, es la menos definida y la atracción que siente por uno de los intrusos, bastante mayor que ella, resulta poco o nada creible.

Coproducción entre Libano, Francia, Dinamarca, España, Noruega, Suecia y Estados Unidos, de 106 minutos de metraje. Cuenta con una excelente fotografía de Joe Saade y una buena partitura de Nathan Larson. El guion lo coescriben la propia directora y Clara Roquet. Su reparto coral lo da todo y destacamos a la actriz y también realizadora Nadine Labaki ( ‘Caramel’ (2007), ‘Cafarnaúm’ (2018)…), Saleh Bakri, y, sobre todo, a las arrebatadoras gemelas Geana y Ceana Restom que interpretan a la benjamina.

No es una obra redonda, adolece de los defectos de una ópera prima, con algunas dispersiones y el metraje alargado. Aún así, por sus valores citados, es más que digna y señala a una cineasta a seguir. Véanla sin falta.

18 Festival de Cine de Sevilla, Toma 4. ‘¿Qué hicimos mal?’: Retorno al pasado

El centro de formación y creación escénica el timbal nos documenta sobre Liliana Torres, cosecha del 80m – que filma, escribe e interpreta esta película que nos ocupa, la primera mirada de mujer vista en la Sección Oficial – comentando que nació en Vic y que, con 18 años, se trasladó a Barcelona para estudiar en la Escuela de Cine y Audiovisuales de Cataluña y que luego completaría su formación como videoartista en Santa Mónica, para trasladarse más tarde a México, especializándose allí en cine documental. ‘Viviendo en la piedra’ y ‘Todos los trabajos de la mujer’ son dos de sus propuestas destacadas en el género. Nos cuentan también que compagina la dirección, la edición, la producción y la escritura con la pedagogía en centros y universidades internacionales. ‘Family tour’ (2013) es su primer largometraje de ficción.

¿Qué hicimos mal?’ sigue a una pareja en crisis formada por una realizadora y un músico. Ella se propone entonces rodar un documental con entrevistas a sus parejas del pasado para buscar las raíces, o las claves, que presiden y dan lugar a los conflictos del presente. Y ni corta, ni perezosa lo hace afrontando un cara a cara, lo que incluye sendos viajes a Italia y a México, con tres hombres importantes de su vida que, de alguna manera, representan las diferentes edades de su vida sentimental, las edades del amor.

Entre la autoficción, o la ficción con base autobiográfica y el documental de marcado carácter intimista, la protagonista aborda con sus ex en charlas tranquilas y civilizadas, aunque no exentas de momentos intensos y emotivos, los por qués de los fracasos en sus relaciones. Lo que la convierte también indirectamente en un documento que analiza y describe las formas de amar y crear vínculos de hombres y mujeres que ahora tienen entre 30 y 40 años, aunque sea sin pretensiones de exhaustividad, ni de estudio sociológico al uso.

Ahí están los leitmotiv del miedo al compromiso, de los desacuerdos a la hora de enfocar la vida en común, de la sugerencia, asumida no tan voluntariamente, de una pareja abierta o de la decisión, por parte de ella, de no tener hij@s, algo muy legítimo y plausible que su compañero sentimental mexicano – el más importante por su convivencia de siete años y, sin dudarlo, el cara a cara más auténtico y sentido – no pudo aceptar y que provocó el abandono por parte de ella. O la incomunicación, el desgaste, la falta de deseo…

Producción española de 90 minutos de metraje. Se deja ver muy bien, tiene una factura impecable, con localizaciones, como se ha citado antes, de Barcelona, Italia y México, además de hermosos e imponentes paisajes gallegos de O Courel, Vigo y Ourense ya que está coproducida también por una productora local, Matriuska, por la Junta de Galicia, Avalon, TVE, la televisión gallega y la productora de Isabel Coixet entre otras entidades. El actor que representa a la pareja del presente es el gallego Xúlio Abonjo y asímismo lo son Melania Cruz o Jorge Roldán en el reparto. Se habla catalán, gallego e italiano en ella, además de castellano.

Una mirada de mujer más que digna que esta firmante hubiera deseado que fuera más incisiva, que analizara más críticamente las diferencias entre uno y otro sexo a la hora de abordar, y vivir, los vínculos afectivo eróticos.

Pero desde luego que hay que verla. Háganlo.

18 Festival de Sevilla. Toma 3, Sección Oficial. ‘Ahed’s knee’: El pueblo escogido…

El escritor, cineasta y crítico literario israelí Nadav Lapid, cosecha del 75, es una presencia recurrente en el SEFF donde se han proyectado y premiado dos de sus películas: en 2014, ‘La profesora de parvulario’ con el Giraldillo de Plata y en 2019, ‘Sinónimos’ con la Mejor Dirección, también Oso de Oro y Premio FIPRESCI en Berlín.

Ahora oferta nuevamente a concurso esta su última propuesta en la que un director de cine, alter ego del propio realizador, presenta su proyecto de película, la que da título al filme, a una joven funcionaria del Ministerio de Cultura de su país teniendo que asumir las limitaciones de los temas a tratar en el debate so pena de verse censurado o, a todos los efectos, dar por finiquitada su carrera. Todo ello, mientras está preocupado por la salud materna.

Nada que objetar a las furibundas diatribas, algunas muy bien argumentadas, que en esta, a todos los efectos, autoficción se vierten sobre un Estado que coloniza y oprime. El problema está en el cómo. En una puesta en escena enfática, histriónica, desmedida, excesiva y con pretensiones de autoría integral por las que se vehiculan. Y esa conclusión desaforada…

Hasta tal punto que la forma engulle al contenido y los asuntos candentes como la ocupación, la crueldad con la que el ejército se emplea con la gente palestina – esa rodilla al final olvidada entre el maremagnum discursivo y visual, como todo lo demás… – la burocracia o el funcionariado quedan diluídos y desprovistos de su carga crítica en función del irritante egocentrismo autocomplaciente del director que abruma y pone a prueba la paciencia del espectador-a. Al menos, la de esta firmante.

Coproducción entre Israel, Francia y Alemania de 110 minutos de metraje. El guión también lo perpetra su responsable. La fotografía ampulosa y trepidante, aunque de calidad, la firma Shai Goldman. Los protagonistas Avshalom Pollak y Nur Fibak se emplean a fondo con sus esquemáticos y tendenciosos roles. El de ella, singularmente.

Pero vamos que esta es solo una visión personal e intransferible, ya que recibió el Premio Especial del Jurado exaequo en Cannes.

La pelota en sus tejados.

18 Festival de Sevilla, Toma 2, Sección Oficial. ‘Great freedom’: Artículo 175

La imprescindible página Wikipedia describe así el Artículo 175 del Código Penal alemán: «fue una norma jurídica que estuvo presente en Alemania desde el 1 de enero de 1872 hasta 1969 – manteniéndola hasta el 11 de junio de 1994, únicamente en lo referido a las de personas adultas con niñ@s – cuyo contenido penaba las relaciones homosexuales entre personas de sexo masculino.

En total, unos 140.000 hombres fueron procesados bajo las diferentes versiones de este artículo y en 1935 el regimen nazi endureció su contenido incrementando la pena máxima de 6 meses a cinco años de prisión…

La República Democrática Alemana dejó de castigar la homosexualidad entre adultos a finales de 1950… pero la República Federal Alemana la mantuvo hasta la fecha citada de 1969, con el mismo rigor con el que se aplicaba bajo el nacionalsocialismo».

Esta película dura, relevante y valiosa, sigue a un hombre básicamente bueno y generoso, quedará constancia de ello a lo largo del metraje, que pasa varias décadas entrando y saliendo de la cárcel como consecuencia de su opción sexual. Que, por rebelarse ante las injusticias e intentar huir, fue encerrado varias veces en la tenebrosa y aterradora oscuridad de una celda de castigo – que en el filme se representa con dramáticos fundidos en negro mientras nuestro protagonista llora de miedo e impotencia – casi desnudo, pese al frío glacial y con un cubo para hacer sus necesidades.

Sigue a ese hombre, muy joven aún en ese espacio en 1945, recién llegado de un campo de prisioneros. Luego más maduro en 1957, en 1968 – que ese año mítico, que esa década llamada revolucionaria, coexistiera con tales represiones e infamias daría para otro capítulo – y observando incrédulo, y hasta decepcionado, la llegada de Neil Armstrong a la luna en 1969, con el resto de reclusos y con la libertad ya al alcance de su mano. Le sigue a él y a otros dos jóvenes que, en épocas distintas de ese largo cautiverio, fueron sus objetos de deseo por los que se arriesgó peligrosamente con caricias y besos furtivos y de amor apasionado, trágico en un caso y desprendido con un noble gesto suyo en el otro.

Pero también forjar allí una sólida amistad con un tóxicomano, rudo y asesino confeso, que primero le rechaza – porque los comunes no querían tener trato alguno con los homosexuales – y le maltrata hasta que se crea entre ambos un fuerte vínculo. Un vínculo que ayuda en el duelo, que protege de los enemigos interiores y de los feroces carceleros, incluso de los soldados norteamericanos vencedores, que cuida incondicionalmente cuando los síntomas del síndrome de abstinencia se hacen presentes… Una amistad masculina, sin connotaciones eróticas, muy intensa, por momentos muy conmovedora y bien retratada. Amigo y compañero con el que soñaba una fuga a la R.D.A, que hasta en eso la historia cuestiona clichés y lugares comunes al respecto.

Unos hombres inocentes privados de su libertad, tratados con una dureza extrema por funcionarios de distinto signo, por nazis y por aliados, cuyas vidas quedaron absolutamente marcadas. Tanto como, sin hacer spoiler, lo muestra ese final tan contundente y demoledor, sobre la vuelta a la libertad y a un mundo ajeno. Otro daño colateral añadido. Un drama carcelario que huye de tópicos porque incide en una página ominosa de la historia reciente, en una ley, en un artículo infame, que destrozó tantas vidas valiosas.

Coproducción entre Austria y Alemania de 117 minutos de metraje. La dirige y la escribe, junto a Thomas Reider, Sebastian Meise. Su excelente fotografía prueba el talento de una mujer, Crystel Fournier colaboradora habitual de Céline Sciamma. Su plantel actoral es magnífico con el eminente Franz Rogowski, Mejor Actor en Sarajevo, al frente, muy bien acompañado por el poderoso Georg Friedrich. Premio del Jurado en Cannes y Mejor Película en el citado Certamen de Sarajevo, todos los reconocimientos le son debidos.

Ni se les ocurra perdérsela.

18 Festival de Sevilla. Toma 1, Sección Oficial, ‘París, distrito 13’: Los nuevos desórdenes amorosos

El notable y reconocido guionista y cineasta francés Jacques Audiard – cosecha de 52, entre cuyos créditos están títulos tales como ‘De latir, mi corazón se ha parado’ (2005), ‘Un profeta’ (2009), ‘De óxido y hueso’ (2912) o ‘Los hermanos Sisters’ (2018) – ha filmado y escrito aquí – junto a Léa Mysius y la realizadora Céline Sciamma, cuya mágica ‘Petite maman’ debatiremos en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine del miércoles, 1 de diciembre, adaptando historias de Adrian Tomine – esta su última propuesta centrada en el barrio de Les Olympiades, título original de la película, situado en el parisino distrito 13.

Un barrio, a decir de quienes lo han visitado, lleno de contrastes, de oficinas, de jubilad@s, con universidades y liceos próximos y una juventud multiétnica en cuyos frenéticos desórdenes afectivo-eróticos nos sumerge en esta historia. Una historia filmada en un bellísimo blanco y negro que sigue a cuatro personajes cuyas vidas se entrelazan, aunque no de la misma manera, porque no estamos hablando de un relato de vidas cruzadas al uso.

Cuatro personajes millennials: un profesor de color sin contrato a punto de cesar y que se propone preparar oposiciones, una chica china, licenciada en Ciencias Políticas, que ejerce como teleoperadora hasta que la despiden por su actitud descarada con los clientes, una mujer que decide retomar sus estudios de Derecho, hasta que es acosada por sus condíscipul@s por su parecido con una transexual que trabaja en una web porno…

Tal incidente odioso en plena clase la obliga dejar la facultad y postularse para trabajar en una inmobiliaria, propiedad del tío del profesor citado en primer lugar, cuya casera es la citada en segundo lugar de la que pronto se convierte en compañero sexual a la vez que se enamora de la citada en tercer lugar, con la que también se relaciona sexualmente aunque con ciertas limitaciones y esta última, por otra parte, se embarca en la aventura de conocer a su sosias y…

Audiard retrata a sus personajes y a sus incidencias sentimentales con tanto mimo como ironía. Sin juzgarles en ningún momento. Pero mostrando sus chulerías, egocentrismos y contradicciones, más acusadas en el protagonista masculino porque aquí las mujeres, inmersas también en confusiones de orden laboral e íntimo, son más consecuentes. Que un hombre de 69 años haya tenido la inteligencia, la lucidez y la sabiduría de hacer este pequeño mosaico generacional, sin paternalismos ni autocomplacencias, es prodigioso.

Que un director que ha narradodo las peores aristas de la condición humana, encarnada en varones ásperos, violentos y rudos, en algunos de los títulos de su filmografía, sea capaz de hacer este retrato de urbanitas desubicados con tanto esprit, con tanta ligereza como perspicacia y encanto es digno de aplauso.

Porque les permite evolucionar ante nuestros ojos, contemplar sus fuerzas y fragilidades, sus circunstancias familiares, sus profundas inadaptaciones e incomunicaciones vitales y relacionales hasta llegar a comprender – coito tras coito, revolcón tras revolcón, pero teorizándolo todo a la muy francesa manera- que el sexo puede ser una vía de acceso a sentimientos más profundos y complejos. No un fin en sí mismo, sino un medio. Hasta llegar a una madurez afectiva en el sentido más integral del término, que puede ayudarles a situarse mejor en un mundo que no les acoge precisamente con los brazos abiertos.

Producción francesa de 106 minutos de metraje. Su hermosa fotografía, se repite en un suntuoso y magnífico blanco y negro, se debe a Paul Guilhaume, su música, que registra los sonidos más contemporáneos, la firma Rone. En su estupendo reparto destacamos a Lucie Zhang y Noémie Merlant, aunque el cuarteto componga a sus protagonistas en estado de gracia. Excelentes también Makita Samba y la actriz y cantante Camille Berthomier.

‘París, distrito 13’ protagonizará la Gala de Inauguración del SEFF esta noche. Un muy buen comienzo. Procuren no perdérsela.

Tertulia de cine Luis Casal Pereyra en Casa del Libro Viapol, temporada 9, sesión 2: Fernando, Pedro, y el otoño

El otoño se hizo presente, por fin, también en nuestra tertulia. Más acentuado aún por el cambio de hora, pues, ya era noche cerrada al dar comienzo a la segunda sesión de la novena temporada que, pese a contar con media hora menos de nuestro tiempo habitual y a las restricciones aún vigentes por seguridad en el aforo, estuvo muy concurrida y fue muy cálida, enriquecedora y participativa. Con la alegría del reencuentro con algunas habituales de otras temporadas. Porque, salvo el crítico, amigo y copartícipe en las tareas de coordinación de la tertulia, Enrique Colmena, todas las asistentes seguimos siendo mujeres.

Dos miradas masculinas españolas a debate. Fernando León de Aranoa cosechó aplausos unánimes con su excelente ‘El buen patrón’, elegida por la Academia de nuestro país para optar al Oscar a la Mejor Película Internacional, salvo en lo que respecta al tratamiento misógino y sexista, marca de la casa…, de los personajes femeninos. Singularmente el de la joven becaria, una suerte de ninfa entre perversa y seducida por quien podía ser su padre, y el giro de guión que se le da, bastante chirriante y poco creíble. Por lo demás se valoró el retrato de ese empresario de provincias paternalista, demagogo, populista, intrusivo en la vida personal de su plantilla, para quien el fin de su beneficio personal justificaba todos los medios.

Un retrato impío, en clave de sátira y comedia negra, aunque nada esquemático. Tanto es así que incluso, se comentó, corría el riesgo de resultar hasta simpático… Pese a lo demoledor de quien trucaba las balanzas, en sentido metafórico y literal, para conseguir sus objetivos. Pisando y pasando, también literal y metafóricamente, por el cádaver de quien se interpusiera en su camino. Con un guión y una factura impecables. Y un reparto en estado de gracia con un eminente Javier Bardem al frente, a quien todos los reconocimientos le son debidos, además del estupendo paisano Manolo Solo o Sonia Almarcha, Almudena Amor y un larguísimo etcétera. Se destacó su final tan abierto e inquietante y se le reprochó en parte un exceso de metraje.

Almodóvar fue la otra cara de la moneda. Desafección generalizada a ‘Madres paralelas’ de la que no gustaron ni el fondo, ni la forma. Ni su guión, diálogos, descripción de los personajes, elipsis, narrativa… junto a un especial rechazo a su forzoso, impostado e irrespetuoso tratamiento de la Memoria Histórica vía fosas. E indignó su final. Se la calificó incluso de culebrón. Hasta la interpretación de Penélope Cruz, excelente para muchas, se ve empañada por los diálogos y por situaciones de dudosa credibilidad, por decirlo de manera suave. Y la grotesca caracterización de Israel Elejalde como director de la excavación o la presencia de Julieta Serrano, tan deslucida y nada a la altura de su talento. Otro tanto se comentó de Aitana Sánchez Gijón. Sólo gustaron la fotografía de José Luis Alcaine, la banda sonora de Alberto Iglesias, algunos aspectos bellos y estilizados de su puesta en escena y de su utilización del color, intensamente rojo sobre todo. Y la consagración de Milena Smit.

El miércoles, 1 de diciembre, más. Debatiremos tres películas, más que interesantes sobre el papel a tenor de sus excelentes críticas y de los galardones que las preceden. A saber, una francesa, una japonesa y una española: ‘Petite maman’, de Céline Sciamma, que no hemos podido debatir en esta sesión por la premura del tiempo. EN CARTELERA, HAY QUE VERLA CUANTO ANTES, ‘La ruleta de la fortuna y la fantasía’, de Ryüsuke Hamaguchi, que entra este viernes, 5 de noviembre y ‘La hija’, de Manuel Marítn Cuenca, que se estrenará el 26.

Gracias a Casa del Libro Viapol, a su magnífico equipo con Rafael García y Marina Alonso Espejo a la cabeza. A Enrique Colmena por compartir el trabajo, y los trabajos, de la coordinación de la actividad y a las mejores tertulianas del mundo mundial por su apoyo y aportaciones por una velada memorable. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘El espía inglés’: Los Ojos del Estado

El título de esta entrada hace referencia a lo que dice uno de los personajes centrales sobre sus compatriotas soviéticos. Exactamente que son los Ojos del Estado, que todo lo observan, que de todo desconfían y que de todo dan cuenta a las autoridades pertinentes. Corren, en esta historia basada en hechos y personajes reales, los años más crudos de la de por sí insidiosa Guerra Fría. Años en los que la tensión entre dos potencias como Estados Unidos y Rusia comprometía gravemente la propia supervivencia planetaria ante la amenaza de una guerra nuclear.

Tal estado de cosas llevó a dirigentes del M16 y de la CIA, un hombre y una mujer respectivamente, cuyos agentes en la URSS habían sido identificados o estaban quemados, a proponer a un ingeniero y hombre de negocios – casado y con un hijo y del todo ajeno a esas lides, que hiciera la misión de «correo» para un militar soviético muy prestigioso que trabajaba para ambos organismos, Oleg Penkovsky, alguien con quien llegó a establecer sólidos lazos de amistad y apoyo mutuos – viajando hacia Moscú con frecuencia por motivos laborales. Lo hacen blandiendo un panorama de destrucción total y prometiendo respaldarle, y ocuparse de su familia, si fuese descubierto.

Este hombre fue el británico Greville Wynne, primero ignorante, casi inocente, de lo arriesgado de su misión y de las consecuencias de sus actos y luego convertido en un héroe muy a su pesar, ya que la crisis de los misiles cubanos, un punto álgido y de posibles dramáticas consecuencias, le hizo inclinar la balanza hacia la Agencia Central de Inteligencia estadounidense. Dicho conflicto, máximo punto de tensión que mantuvo al mundo en vilo, provocó que ambos amigos y colaboradores, sobre quienes se cernían ya las sospechas, fueran detenidos y…

En ‘El espía inglés’ – o en su título original mucho más ajustado ‘The Courier’, producción británica fechada en 2020, de 111 minutos de metraje, realizada por el prestigioso director teatral Dominic Cooke, cosecha del 66, segunda de su filmografía cuyo debut en el cine fue registrado en estas páginas: https://sevillacinefila.com/2018/07/10/en-la-playa-de-chesil-melodia-interrumpida/ cuyo irregular guión firma Tom O’Connor, cuya excelente fotografía se debe a Sean Bobbitt, su intensa banda sonora a Abel Korzeniowski y que cuenta con un sólido reparto al frente del cual se sitúa un poderoso y magnífico Benedict Cumberbatch, destacando también a Merab Ninidze – se añoran la intensidad de este tipo de películas de género, la sorpresa, la lucidez y profundidad en el retrato de los personajes, el mimo por los secundarios, el suspense…

Es un producto digno y bien acabado, pero demasiado convencional. Y, sobre todas las demás consideraciones, ideológicamente muy maniqueo y ferozmente anticomunista, porque americanos e ingleses son intocables aquí, apenas hay veladas críticas acerca de ambas naciones.

Contiene dos relatos fílmicos en uno, el primero de los cuales es más lucido y el segundo es un pathos del infierno que este hombre sufrió realmente en las cárceles rusas, que dejó su salud muy quebrantada y provocó su temprana muerte años después. Pero ni la descripción de tales tormentos, junto a la inquebrantable lealtad a su país, a su compañero de fatigas y al enorme coraje del que comenzó siendo un aficionado en el oficio, redimen a ‘El espía inglés’ de su linealidad y de su adocenamiento.

Escrito queda. La pelota está en sus tejados.